La Aventura del Héroe I: La partida

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Este tema ha llamado mi atención especialmente, por que así como en el artículo anterior hacía mención al arquetipo astrológico de Quirón, que definía a la perfección la herida que no consigue sanarse o la vulnerabilidad inherente de cada ser humano; la Aventura del Héroe la podemos reconocer y descubrir en nuestras propias vidas y destinos.

Para iniciar, asociemos el tema del descubrimiento del héroe con un símbolo astrológico, que en su naturaleza es absolutamente profundo, el Sol.

Para empezar a explicar este simbolismo del Sol, recurramos a la imagen física y astronómica que tenemos del Sol: es ésta estrella gigante de máximo fulgor y brillantez, de gran tamaño, que permite que el calor y la luz aparezcan todos los días. En astrología el Sol significa la individualidad. Esta individualidad existe en potencialidad dentro de cada uno de nosotros, pero debe ser cultivada, se le debe dar una re-definición, y re-encontrarnos en aquello que somos, pero que seguimos desconociendo.

El Sol, tanto en astrología y en mitología es reconocido como un planeta semi-divino. Recordemos entonces al héroe Heracles, que a través de sus 12 trabajos reconquista su propia individualidad y brilla de nuevo, esta vez no como un semi-mortal, sino como un inmortal. Heracles conquista su inmortalidad a través de su propio brillo, de su propio Sol.

Esta condición de semi-divinos nos da la primera pista para entender el tema de este articulo. Necesitamos la Aventura para auto-completarnos, para reconocer nuestra valía, y para re-definirnos en nuestra propia individualidad. Para alcanzar nuestra inmortalidad.

Cómo podemos hablar del Sol sin mencionar a la Luna, al fin y al cabo la Luna refleja la propia luz de Sol, pero esta vez en un sentido más oculto, más misterioso y un poco velado. La Luna en astrología representa las emociones, vayamos entonces a nuestros recuerdos de infancia, donde predominaban los sentimientos por nuestra madre, cualquiera puede decirnos los profundos sentimientos que surgen al pensar en ella, sin importar qué clase de relación hemos tenido, las emociones se movilizan rápidamente, y si necesitamos definirlas, podríamos decir que son fuertes e impetuosas. Si la Luna es nuestra madre, el Sol es nuestro Padre. Reflexionemos un poco acerca de esto. La Luna (La Madre) me acerca primordialmente a la expresión y al encuentro de mis emociones, es puramente femenino, receptivo y pasivo; pero el Sol (Mi Padre) me acerca a la Aventura, me invita a descubrir mi individualidad, mi poder, mi propia luz, es una energía masculina, activa. En nuestra carta natal todos tenemos al Sol y a la Luna, todos tenemos emociones que canalizar y todos tenemos un destino al que hemos sido llamados para demostrar nuestra propia luz.

La Aventura del Héroe es el nombre que le ha dado Joseph Campbell, en su libro ‘El Héroe de las mil caras’, para hacer referencia a ese momento crucial que enuncia un destino transformador para aquel que lo viva. En el compendio de todos sus estudios, pudo relacionar diferentes mitos, historias fantásticas de diversos orígenes y lenguas que demostraban lo mismo: La Aventura del Héroe que debe ser iniciada.

Y es que estas historias son fuertes simbolismos que tratan, una vez más, de explicarnos y guiarnos en la ruta de la vida. A todos nos ha llegado el llamado a la Aventura.

Esta fase inicial, denominado por Campbell ‘La partida’ se distingue por diversas etapas:

1. La Llamada:

Recurro a una historia muy reconocida para explicar el llamado.

Lugar: Actual Nepal, Año: +/- 500 a.C. Nace un príncipe llamado Gautama Sakyamoni. Desde su nacimiento le es conferido a su padre la profecía de que el pequeño Gautama será un Iluminado o Buddha. Para evitarlo su padre lo aísla del mundo real, evitándole así, el contacto con la vejez, la enfermedad y la muerte. Para esto, el padre le obsequia tres palacios, y 40 mil bailarinas, para mantenerlo distraído y cautivado por las ensoñaciones de los sentidos, pero el llamado aparece, y el destino le presenta a Gautama un anciano, un enfermo y un muerto. Aterrorizado su padre trata de evitar la renunciación de su hijo con diversas entretenciones, pero Gautama al agotar todas las experiencias de su juventud, alcanza la madurez, y emprende su viaje a la Aventura.

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 Usualmente, el llamado aparece en forma de crisis. Algo se desata, es algo oscuro, y misterioso, como un bosque, un pantano, un reino subterráneo, una torre en la cima de una montaña, etc. Estos llamados ocurren varias veces en nuestras vidas, los astrólogos los asocian con edades cumbre, en donde se confronta el ser que hoy es contra el que debe llegar a ser (ciclos de Saturno y Urano). Pero estas crisis no son más que el reflejo de una profunda transformación interna que nos puede proveer nuevas luces en nuestra vida.

2. Negación:

Apolo y Dafne. Francesco Albani.

Para entender esta etapa, veamos un fragmento de la obra de Ovidio, ‘Las Metamorfosis’, donde el Dios Sol, Apolo, persigue a la hermosa Dafne, hija de Peneo, en una explosión inimaginable de amor a causa de una flecha disparada por Eros.

¡Oh ninfa, oh hija de Peneo, espera! -Apolo la llamaba- Yo que te persigo no soy tu enemigo. No sabes de quién huyes, por esa razón huyes. Corre más lentamente, te lo suplico, y detén tu fuga. Yo también
te seguiré más lentamente. Ahora detente y pregunta quién te ama.
Hubiera dicho más —dice la historia—, pero la doncella continuó su fuga aterrorizada y lo dejó con las palabras en los labios, y aún en su carrera parecía hermosa. Los vientos desnudaron sus miembros, las brisas contrarias hicieron volar sus ropas mientras corría y un aire ligero mantenía sus cabellos flotando detrás de ella. Su belleza fue acrecentada por la fuga. Pero la caza llegó a su fin, porque el joven dios no quiso perder el tiempo en palabras mimosas y urgido por el amor la persiguió velozmente. Así como el sabueso de las Galias que ha visto un ciervo en la llanura y busca su presa con pies alados, y el ciervo su salvación; así él, a punto de apresarla, pensaba que la tenía y rozaba sus talones con las fauces abiertas; pero ella que no sabía si ya había sido capturada, apenas escapaba de las afiladas garras y dejaba atrás las fauces que casi se cerraban sobre ella; así corrían el dios y la doncella, el uno empujado por la esperanza y la otra por el temor. Pero él corría más rápidamente, llevado por las alas del amor, no le daba descanso, colgado sobre sus hombros esquivos y respirando sobre el pelo que flotaba sobre su cuello. Ya no tenía fuerza y pálida de terror y completamente deshecha por el cansancio de su rápida fuga, viendo cerca las aguas del río, su padre, gritó: ‘¡Oh, Padre, ayúdame! Si tus aguas aposentan la divinidad, cambia y destruye esta belleza con la cual he atraído demasiado.’ Apenas había hablado cuando un entumecimiento se apoderó de sus miembros y sus costados suaves se cubrieron con una delgada corteza. Su cabello se convirtió en hojas y sus brazos en ramas. Sus pies, hasta ahora tan suaves, se convirtieron en nudosas raíces, y su cabeza no era ya sino la copa de un árbol. Sólo quedó su fulgurante belleza.

A pesar de que algunos autores atribuyen el simbolismo de este mito a la virginidad y pureza de Dafne en oposición a la lujuria de Apolo, yo apoyo la concepción de Campbell al defender que este mito es un ejemplo perfecto de cuando se quiere negar el llamado a la Aventura. Podemos volver a remitirnos al simbolismo del Sol, y en este caso Apolo es el Dios Sol, que busca desesperadamente a Dafne, en su afán por persuadirla a su destino de luz propia. Esta etapa se explica por qué en nuestras vidas cotidianas negamos el llamado por miedo. En nuestro intento desesperado por desviar la vista y no arriesgarnos a la transformación a la que estamos destinados, buscamos desmesuradamente el encuentro con lo conocido, esa emocionalidad lunar que nos engulle con la excusa de protección. Vemos cómo Dafne invoca a su padre, en busca de esa protección, quiere escapar con la ayuda de aquel que le dió la vida y siempre la defendió. También vemos el ejemplo de Sidarta, porque es su mismo padre que por excesivo y descontrolado cariño engulle en protección a su pequeño príncipe, sin darse cuenta que lo esta privando de su propio brillo, de su propia gloria.

¿Cuántas veces hemos desviado la mirada cuando el llamado ocurre, ocultándonos en lo que para nosotros representa protección y nutrición (Luna), nuestra madre o padre, nuestra pareja, o nuestros zonas cómodas para evitar salir y explorar lo que sería nuestro destino de luz y plenitud?

3. La ayuda sobrenatural:

Cuando el llamado a la Aventura es aceptado, y el protagonista emprende el viaje, la ayuda sobrenatural aparece. Le son concedidos talismanes y elementos que le permitirían el éxito en la Aventura.

Las figuras que guardan este simbolismo pueden ser la apacible y encantadora viejecilla,File:TREEBEARD.jpg o el hada madrina, también pueden ser personajes masculinos como un hechicero (recordemos entonces a Merlín), un ermitaño, un pastor o un herrero. Las fuerzas de la naturaleza aparecen también y dan dones y objetos de gran valor: En el II libro del Señor de los Anillos, escrito por J.R.R.Tolkien, vemos como en un momento definitivo de la guerra, los árboles (Ents) se involucran en la lucha por que reconocen que aquello es más grande que cada uno como individuos. Merry cuenta como los Ents interceden en la lucha contra Saruman:

Empujaron, tironearon, arrancaron, sacudieron y martillaron; y clac-bum-crascrac, en cinco minutos convirtieron en ruinas aquellas puertas enormes; y algunos comenzaban ya a roer los muros, como conejos en un arenal. No sé qué pensó Saruman entonces; en todo caso no supo qué hacer.

En la mitología vemos a Hermes, el dios griego de la sabiduría, que en versión romana es Mercurio, Thot en Egipto y el Espíritu Santo en el cristianismo, que interceden con magníficos tesoros en pos de la misma meta: El re-encuentro con el Sol a través de la Aventura. En astrología Mercurio y Venus son estos dos planetas que siempre estarán cerca del Sol (nunca se alejan más de 60°), son los planetas mas leales, y son los que siempre acompañarán a Sol en la búsqueda de su más grande brillo. Mercurio simboliza la mente suprema que conecta los diversos mundos, es nuestra gran mente que nos ayudará a discernir y a concentrarnos en nuestros deseos y propósitos. Venus simboliza el compendio de valores y dones que apoyaran nuestra labor (hablaremos de estos dos increíbles planetas en próximos artículos)

El asunto sigue siendo el mismo, tú, accede a la Aventura que ninguna ayuda te será negada. La meta puede traer estupendas recompensas.

4. El cruce del primer umbral:

Este cruce del umbral se caracteriza por ser algo horrible, oscuro y peligroso que va a intentar impedir que el héroe complete su misión.

Es aquí donde las historias míticas y fantásticas expresan cómo esa madrastra malvada que inhibe a la princesa de su triunfo solar, o el dragón con el que lucha el príncipe, que representa esa faceta dominante y efusiva de la Luna, ese monstruo obstaculizador. Esto simboliza como la Luna a pesar de ser luminosa y tierna, tiene una faceta oscura y temible que detiene el crecimiento. Es por esto que las heridas conscientes o inconscientes que tengamos de nuestra emocionalidad pueden representar verdaderos dragones en esta etapa del encuentro del héroe. El signo solar puede darnos pistas también. Todos los signos tienen cualidades que nos ayudarán en la tarea, pero conflictos que podrían representar desafíos. Sería interesante que cada uno, como tarea personal analizara las cualidades y desafíos de su propio signo solar (esto, lejos de las pretensiones de los horóscopos).

Liz Greene en su libro titulado ‘Los Luminares’, asocia estos dragones mitológicos con lo que se conoce en psicología como la sombra: eso que se oculta y se niega, pero existe. Si la sombra se trabajara sería un propulsor en cambio de limitador.

Uno de los mitos más antiguos que describen esta pelea con el dragón
es el mito babilónico de la creación, representada como una batalla
entre el dios del Sol, Marduk, y su madre, Tiamat, el océano de agua salada, que es una personificación de la madre primaria creadora del mundo bajo la forma de un monstruo marino. Tiamat es a la vez la dadora de vida y las fauces de la muerte que devora todo lo que ella misma crea.

Una emocionalidad saludable, bien vivida, puede representar el consuelo de la lucha al final del camino, un agente inspirador, y usualmente femenino en las historias. Recordemos que Dante ve con añoranza la majestuosidad de Beatriz, o la imagen tranquilizadora y pacífica de la Virgen María.

5. El Vientre de la Ballena:

Campbell lo resume de esta manera:

La idea de que el paso por el umbral mágico es un tránsito a una esfera de renacimiento queda simbolizada en la imagen mundial del vientre, el vientre de la ballena. El héroe en vez de conquistar o conciliar la fuerza del umbral es tragado por lo desconocido y parecería que hubiera muerto.

Francisco_de_Goya,_Saturno_devorando_a_su_hijo_(1819-1823)

Saturno devorando a un hijo. Francisco de Goya.

Finalmente, esta etapa del Vientre de la Ballena tiene un magnífico significado. En la mitología griega, todos los dioses, a excepción de Zeus, son tragados por su padre, el Titán Cronos. Este símbolo indica la aniquilación del héroe, pero ¿por qué? Bueno, este vientre de la ballena busca que el héroe deje de luchar externamente, y se encuentre internamente. Morirá, por que después de emprender el camino del auto-conocimiento interno no volverá a ser el mismo.

Cuando accedemos a emprender el Viaje de la Aventura, es un hecho la muerte. Esta muerte, es una muerte psicológica, será un antes y un después.

Al reconocer esto, sabemos que aquellas figuras terroríficas como las gárgolas, los dragones, leones furiosos o demonios, son los protectores del umbral, que juzgarán quién es lo suficientemente valeroso para escuchar el profundo silencio, y para ver lo invisible.

Este artículo es el primero de cuatro apartados. Mi intención es que cada uno de nosotros inicie el Viaje a la Aventura.

Bibliografía:

  • El Héroe de las Mil Caras de Joseph Campbell
  • Los Luminares de Liz Greene y Howard Sasportas
  • El Señor de los Anillos: Las Dos Torres de J.R.R.Tolkien
  • Las Metamorfosis de Ovidio
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